Programar en parejas va en contra del duro individualismo en el que se adoctrina a todo el mundo desde el principio, a través de la escuela (donde cada uno triunfa o fracasa por sí mismo, y trabajar con el compañero se considera «hacer trampa») y los medios de comunicación, especialmente las películas de Hollywood donde el héroe normalmente lucha contra la estúpida conformidad [29]. Los programadores también se consideran dechados de individualismo -«cowboy coders» como le gusta decir a Larry Constantine. Y sin embargo XP, que es en sí mismo una batalla contra el pensamiento convencional, dice que el código debería ser escrito por dos personas por estación de trabajo. Y que esto debería hacerse en un área con un grupo de estaciones de trabajo, sin las barreras a las que la gente de diseño de infraestructuras tiene tanto cariño. De hecho, Beck dice que la primera tarea de pasarse a XP es llegar con destornilladores y llaves Allen y desmontar todo lo que estorbe [30]. (Esto requerirá un director que pueda afrontar la ira del departamento de infraestructuras).
El valor de la programación en parejas está en que mientras una persona escribe el código la otra está pensando. El pensador mantiene una visión global en su cabeza, no sólo la imagen del problema concreto, sino también las pautas de XP. Si dos personas están trabajando, es menos probable que uno de ellos se salga con la suya diciendo, «No quiero escribir las pruebas primero», por ejemplo. Y si el programador se atasca, pueden cambiar los papeles. Si ambos se atascan, sus pensamientos pueden ser escuchados por otro en el área de trabajo que puede contribuir. Trabajar en parejas mantiene las cosas en movimiento y por buen camino. Y probablemente más importante, hace que la programación sea mucho más social y divertida.
He empezado a usar programación en parejas durante los periodos de ejercicios en algunos de mis seminarios y parece mejorar considerablemente la experiencia de todo el mundo.
[29] Aunque ésta puede ser una perspectiva más bien estadounidense, las historias de Hollywood llegan a todas partes.
[30] Incluyendo (especialmente) el sistema de megafonía. Una vez trabajé en una compañía que insistía en anunciar públicamente cada llamada de teléfono que llegaba a los ejecutivos, y eso interrumpía constantemente nuestra productividad (pero a los directivos ni se les pasaba por la cabeza suprimir un servicio tan importante como la megafonía). Finalmente, cuando nadie miraba empecé a cortar los cables de los altavoces.